Con Madrid me caso
Hay tantas cosas que hacer en Madrid. Tanto que yo me casaría con ella. Si, con la ciudad. Me casaría con Madrid. En una tarde soleada, se puede pasear por Puerta del Sol (valga la redundancia), y también por la Plaza Mayor (antes pasando por la calle Mayor).
Hay muchísimos museos como la Real Casa de Aduanas, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el casino de Madrid. Además el Edificio Metrópolis y el popular Círculo de Bellas Artes, todos en la calle Alcalá.Y el Museo del Prado, el Museo de Lope de Vega, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Museo Thyssen-Bornemisza.
Si todo este arte al por mayor no alcanza para enamorarte de Madrid, está la vida nocturna de Madrid. ¡Y sus discotecas! En el distrito centro hay un montón de locales de este tipo, más que nada en los alrededores de la plaza de Santa Ana, en el llamado el “Barrio de las Letras”, y los barrios de Malasaña, alrededor de la plaza Dos de Mayo, La Latina, Lavapiés, y Chueca, cerca de la Gran Vía. A la vida nocturna en Madrid se la llama, despectivamente, maturranga.
Y si hay ganas de degustar la excelente cocina madrileña, conviene ir al centro, en la calle Bailén (que sale de la fuente Cervantes) hay varios restaurantes de cinco tenedores donde disfrutar desde tìpicos platos españoles hasta la mejor cocina internacional.
Algunos platos para recomendar, perder la chaveta y no irse nunca más: el cocido madrileño, los callos a la madrileña, la sopa de ajo, la casquería en general y postres como las rosquillas tontas y listas, los huesos de santo o las torrijas madrileñas.
Y no hay que olvidar las tradicionales frituras, aroma tìpico de la cocina madrileña, que se puede encontrar en bares y restaurantes por toda la ciudad: los churros, la tortilla de patatas, los bocadillos de calamares servidos en los bares de la Plaza Mayor, las patatas bravas, los chopitos o las gallinejas.