Ginebra: todo muy prolijo
Si quieren una ciudad ordenada, Ginebra es el destino perfecto. Transportes, calles, plazas, personas, turismo. Todo en su lugar y en su justa medida. Está rodeada por montañas, en el embocadura del lago Lemán. Como curiosidad cabe señalar que todas estas montañas están en territorio francés.
Cuando fuimos (amigos y yo) nos encontramos con una ciudad dividida en dos: la ciudad antigua y la nueva. Aunque la antigua es preciosa (personalmente más bonita que la nueva) es también mucho más cara. AllÃ, durante nuestro primer dÃa, pudimos disfrutar de un riquÃsimo café  acompañado por chocolate artesanal, que lo consigues a la vuelta de cualquier esquina. Además toda la zona está llena de parques, tranvÃas y calles peatonales, a los que dedicamos varias tardes (más que nada a encontrar precios convenientes… que si uno quiere, recorriendo, se encuentran)
No nos alcanzaron los dÃas para visitar todos los museos de Ginebra. Además de ellos tambien hay bibliotecas, el Gran Teatro y la Orquesta de Suiza romance.
Luego de visitar varios museos, al final de nuestro segundo dÃa, decidimos entrar a la Catedral de San Pedro (construida en los siglos XII y XIII), y desde su torre pudimos observar unavista panorámica de la ciudad. Para el dÃa siguiente nos quedaron el Monumento a los Reformadores, la casa en la que nació el filósofo y escritor Juan Jacóbo Rousseau, y el Palacio de Naciones Unidas.
En nuestro último dÃa allÃ, tuvimos la suerte de visitar el lago, una de las atracciones turÃsticas imperdibles de la ciudad. Allà está el Jet d’eau (Chorro de agua), verdadero emblema de Ginebra. Y terminamos la tarde haciendo un improvisado picnin en la playa artificial, no sin antes recorren la pequeña feria situada en la ribera del lago.
Un consejo: No dejen nada para hacer el domingo, porque se hace difÃcil hasta encontrar un lugar donde tomar café (por eso lo del picnic).